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viernes, 8 de enero de 2010

Al César lo que es del… ¿y al resto?

Luego de sobrevivir festejos de fin de año y no sufrir mayores percances que una arritmia cardiaca por dar la bienvenida a una nueva década llena de anhelos para la humanidad, sigo recorriendo distintas ciudades acogedoras y civilizadas de Europa, admirando incluso aquellas comarcas rurales aún distantes de adelantos tecnológicos pero con una población capaz de entender, aunque sea de manera intuitiva, el valor de existir con coherencia, desarrollarse con sentido común, convivir en paz y armonía.

Por supuesto que no todos son felices territorios y algunos, incluso, parecen no haber evolucionado socialmente y otros continúan abocados al irracional deterioro aunque parezcan reunir condiciones culturales para salir adelante. Pero no son frenados solo por no estar comprometidos en superar vicisitudes o por una economía caprichosa no favorable por estar adherida a flujos y contingencias colaterales en el ámbito mundial o por intereses de territorios colindantes y de mayor poder bélico, sino por el letargo de sus gobernantes en la toma de decisiones y/o que sean fallidas en criterio o ejecución.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

La fusta continúa, muchachas de oro.

Mi asistente se sorprendió cuando, viendo un juego de voleibol de la liga europea, hice un entusiasta comentario sobre el gran nivel de mujeres voleibolistas que tiene Perú, porque desconocía que ‘siquiera se practicara en nuestro país’ donde, ella tenía entendido, sólo jugaban al fútbol. No distaba de ser cierto si el 99% de los programas radiales, televisivos, prensa escrita, sobre información deportiva está destinada al balompié. Pero uno siempre debe estar preparado a revertir las tendencias pocos saludables y encontrar alternativas, así que le di indicaciones para concentrar su capacidad en el buscador de Google y colocar Youtube, Olimpiadas Seul 88, zurda Cecilia, diestro Mambo, ambidiestrísimas doce maravillas del mundo, ¡gloria, gloria, gloria en el podio!

Ella esperó a que me calme, baje los brazos y me cierre la bata antes de resfriarme o enfriar más al artillero, bastante intimidado por los escasos grados centígrados de esta ciudad, y, sin ánimo de burla, preguntó: “¿Ganaron la medalla de oro?”. Pregunta tan impertinente. Oooorooooo, quise gritar, porque vi oro, sentí oro, arañé oro, olí negras y trigueñas de oro. Pero demasiada información en Google o integridad de mi parte para torcer la verdad, y tuve que confesárselo: “Plata. Medalla de plata”. Ella, que es una asistente muy eficaz, no preguntó más ni intentó aliviar la atmósfera anímica soltando algún comentario inteligente, respetó mi silencio y me dejó abrumado con mis recuerdos, abrió su laptop y navegó por la red hasta concretar mi requerimiento.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Los hermanos Cori: grandes maestros desde niños.

Deysi y Jorge Cori son un par de brillantes jovencitos que deben llenarnos de orgullo y alegría: ambos hermanos acaban de consagrase campeones mundiales de ajedrez en el campeonato realizado en Antalya (Turquía) la semana pasada. Un extraordinario, digno y merecido triunfo, más que suficiente para celebrar y enarbolarlos de gloria.

Pero es mucho más que un alegre acontecimiento para aplaudir un nuevo logro de los brillantes hermanos Cori.

Para quienes hayan o no seguido su accionar desde los difíciles comienzos en los arenales de Villa El Salvador hasta alcanzar rotundas conquistas internacionales, también debiera servir para rescatar anhelos de grandes victorias individuales y colectivas, porque nos ayuda a reflexionar, entender y aceptar, gracias a la admirable capacidad demostrada por ambos hermanos desde muy pequeños, que genéticamente ni culturalmente estamos trastocados como apuntalan las tristes acciones de muchos compatriotas (puliéndose en destacar en lodo personal o intrascendencia histórica aquellos vinculados a la política) y podemos jugar en las grandes ligas, a la par con las naciones más desarrolladas, y que, si realmente lo deseamos y ponemos empeño en ello, tenemos en nuestra idiosincrasia las virtudes necesarias para convertirnos en los mejores del mundo: inteligencia, coraje, pundonor, amor.

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lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Mirada al frente, granujas!... ¡Atención!

Atención, sí, atención a la vida, muchacho, porque no puedes basar tu existencia sólo en ignorancia, fanatismo, crueldad, diversión insana: equipo de accesorios negativos estimulados por intereses de grandes empresas vinculadas al negocio del fútbol y aquellas anexas a lucrar de él, que, sin responsabilidad alguna hacia la juventud menos favorecida ni a la sociedad que aquella disfruta de agredir constantemente, han amparado y estimulado el crecimiento de hordas pandilleras para llenar estadios hasta convertirse –por calculada conveniencia de fomentar y/o comerciar con el entusiasmo irracional– en cómplices de su diseminación por calles y ámbitos vulnerables a su peligrosidad, al punto que una de las llamadas "barras bravas" ya cobró la vida de una inocente muchacha, cuya primaria ilusión era seguir esforzándose en estudiar y trabajar por una mejor sociedad para su familia, por nosotros, por ella...

Pero a ella, a María Paola Vargas Ortiz, de escasos 26 años, ya la mataron y algunos de esos miserables hasta se habrán tomado varias chelitas bien heladas recordando la "hazaña" después del partido, después de su acción criminal. Y me preguntó: ¿qué vamos a hacer por esa joven? ¿La dejamos muerta y también nos tomamos una cerveza para pasar el trago amargo y esperamos a que el tiempo borre de nuestras memorias la infamia de su asesinato y así podamos conciliar el sueño antes de que su imagen irrumpa cuestionando nuestra absurda e insensible inercia? No podemos, porque la inacción también nos convierte en cómplices del crimen y de cualquier otro que se cometa, y seríamos tan cobardes y despreciables como esas infelices plagas babosas. Propongo, luego de encontrar y sancionar al/los culpable/s, exigir a las autoridades pertinentes que enfoquen el problema de manera distinta, es decir, sin tanta pusilanimidad, sin tanta aprensión para quienes no se han ganado el derecho de merecer más que nuestro repudio: las patéticas y cobardes nominadas "barras bravas".

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