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viernes, 30 de septiembre de 2011

El ruiseñor tiene insomnio

El ruiseñor seguía trinando la mágica melodía del arco iris cuando desperté volando alto, suspendido en una pluma infatigable y agradecida, comprobando que, aun después de millones de años, el Universo, magnánimo, me mantenía como una especie más de las que tienen la golloría de existir, provisto aún de veinte dedos, una nariz, dos orejas, una boca, piernas, brazos, un pirulí modesto pero acogedor, y el resto en perfectas condiciones, reflexioné en un susurro cuando ya sentía sus labios buscándome. Pero como yo seguía abstraído en contemplaciones, el amanecer que irradiaba su rostro, me dijo: "Amor, eres lindo, pero solo si tu imagen es admirada por la locura del espejo o por mujeres miopes. O de noble corazón, como yo". Rescatado de la incertidumbre, reímos antes de enlazarnos en esta melodía de amor que acoge la dicha de sentir un nuevo día de vida; mucho más ahora que ya no soy un miserable plebeyo desafortunado hasta en el amor sino un misterioso conde con una fortuna más amorosa que la más apetecible e impetuosa de mis amantes.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Angina de pecho crónica por amores imposibles agudizada por un tesoro perdido

En uno de mis regresos por Lima, usando una vieja vestimenta de clase media dilapidada, fui a visitar a un antiguo amigo, el gran DJ Becheto, con ánimo de disfrutar música y recuerdos de juventud. Teníamos un plan y no desistimos hasta culminarlo con respetuosa prolijidad, aunque nos tomó cinco horas terminar la jornada musical embriagada de alegre y triste nostalgia, al compás de acordes y melodías que suelen recobrar rostros, lugares, situaciones, anhelos, triunfos, fracasos…

Entonces decidí que era hora de partir y poner a buen recaudo las joyas acumuladas. Ambos nos consideramos poseedores de un pulido criterio musical y sabíamos que la sensibilidad puesta en el trabajo y el esfuerzo compartido que demandó recopilar 150 canciones para grabar un CD con las mejores melodías roqueras de los sesenta y setenta, era un tesoro invaluable; más si él, por descuido, cansancio o tendencia natural al sistema capitalista y su necia obsesión de incrementar valía comercial en un producto aunque sea de intrínseco beneficio espiritual, no había guardado la información del trabajo en el disco duro de su vieja PC ni en el de su recién adquirida laptop, y tampoco había quemado una copia de protección.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Feliz Libertad en esta Navidad!

Ahora, gracias a la maravillosa inventiva de la especie humana, puedo tener una reunión de directorio, en medio de releer “Los miserables” de Víctor Hugo y sentir que escapo como Jean Valjean, deglutiendo las miasmas del destino adverso, pero de manera virtual y sin necesidad de embarrarme con despojos de supervivencia o aquella desligada de humanidad ocasionada por la acumulación de poder e indolencia, mientras atravieso las cloacas de París u otra enigmática ciudad europea, cada vez que alguien considere la imperiosa necesidad de una reunión corporativa de emergencia.

¡Ah miserables encantadores de serpientes!, tan hábiles para el fraude y la mentira, resulta patético observarlos tan incautos de creer tener absoluto control de la situación, de que su juego impúdico nunca será descubierto, al menos mientras la lucecita roja del control maestro esté apagada y crean que el conde de Montelisto no podrá husmearlos ni capturarlos como si fuera ‘El llanero solitario’ cabalgando por las llanuras plagadas de maleantes y peligros, porque solo anhela cruzar el territorio agreste observando el amplio horizonte, saciando la sed en un riachuelo oportuno, y sin sufrir contratiempos.

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jueves, 3 de diciembre de 2009

El condenado a conde y a errante millonario

A veces recuerdo con nostalgia los años en que me transportaba de la manera más rudimentaria, incómoda e incivilizada, aquella adherida a todo aspecto del horror y a nada que pudiera entusiasmar a una persona normal, mucho menos desear volver a tener esas indignantes experiencias, capaces de vejar el espíritu y aumentar el dolor de vivir en una ciudad poco civilizada, preso en una destartalada herramienta móvil que podría ser la tortura favorita de la Inquisición, caso permanecer aún los excesos de la Iglesia en el siglo XXI. Pero el ser humano es un enigma, un paradigma psico-fisiológico lleno de sorpresas, la puesta en escena de una obra absurda que deseamos y peleamos por protagonizar día a día, asaltados por íntimas sensaciones y pensamientos extraños, realizando acciones contrarias a lo que uno considera ‘un comportamiento normal’.

A mí me ocurre cuando paso por Lima: me embarga la nostálgica ternura hacia el horror, como si las formas grotescas y hedores que despide esa ciudad invadieran mi organismo con más alteración en mi sistema que los LSD que consumí en mi juventud. No estoy envuelto en juegos sádico masoquistas, pero algo más fuerte que el raciocinio o el sentido común me impulsa a convulsionarme en una aventura citadina de peligros inimaginables, y decido salir de mi acogedora y segura residencia, vestido de manera sencilla, dinero en las medias (es lo único que no suelen robarle a uno en Lima cuando es asaltado), dejando órdenes a mi atractiva asistente de no llamarme, máximo enviarme algún mensaje, y solo si es muy importante (porque uno cambió mi vida), y voy al reencuentro del caos, de mi pasado proletario.

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