Esa creatividad quisiera para los políticos: avanzar aun con Parlamento rengo y dinamizar decisiones constructivas https://t.co/xI3Z8uaymU— Javier Guerrero B. (@twisterabit) June 16, 2016
Esa creatividad quisiera para los políticos: avanzar aun con Parlamento rengo y dinamizar decisiones constructivas https://t.co/xI3Z8uaymU— Javier Guerrero B. (@twisterabit) June 16, 2016
Lima
16 de noviembre de 2013
Amigos Centro Cultural PUCP:
Pienso que debemos hacer algo concreto y definitivo para detener la crueldad insana y abusiva de un sistema irresponsable, obsoleto y mediocre, como el que rige en la Televisión del Perú, pues hemos sido testigos de cómo un puñado de miserables que controlan la señal abierta tienen el poder para asesinar a una pobre muchacha, inocente de tanto como de la maldad que la acecha, arrebatándole los anhelos de un Destino que jamás tendrá, condenando al sufrimiento perenne a sus seres queridos, quitándonos el derecho a todos los que podríamos haber conocido a Ruth Thalía, en el transcurso de nuestras vidas, como una joven llena de esperanza y no un cadáver, una fatalidad, simplemente porque algunos malhechores ejecutivos, armados de necedad, suelen juntarse para mesa redonda de valores paupérrimos, dividendos abultados, lo único que cuenta, chorros de billete para el bolsillo a cambio de mierda para el televidente, ¡gran negocio, carajo!, firmemos el contrato, todos felices y tranquilos, cláusulas para protegerse y hundir al más débil, uno nunca sabe y luego le quieren chuntar a uno el muerto, se mofan, embebidos en pendejada estúpida y maldad, ninguna capacidad para construir riqueza noble, saludable, ¿para qué?,
Marisol ha sido una reconocida cantante, bailarina y actriz con una personalidad y gracia arrolladora. Los que conocen su trayectoria saben que, desde su inicio cinematográfico, el mundo se rindió al talento y simpatía sencillamente extraordinarios de esa prodigiosa niña española que, en los años sesenta, nos abrumó con su encanto e impecable y rutilante arte. Posteriormente, aquellas virtudes definieron la atractiva e interesante mujer en que se convirtió.
El ruiseñor seguía trinando la mágica melodía del arco iris cuando desperté volando alto, suspendido en una pluma infatigable y agradecida, comprobando que, aun después de millones de años, el Universo, magnánimo, me mantenía como una especie más de las que tienen la golloría de existir, provisto aún de veinte dedos, una nariz, dos orejas, una boca, piernas, brazos, un pirulí modesto pero acogedor, y el resto en perfectas condiciones, reflexioné en un susurro cuando ya sentía sus labios buscándome. Pero como yo seguía abstraído en contemplaciones, el amanecer que irradiaba su rostro, me dijo: "Amor, eres lindo, pero solo si tu imagen es admirada por la locura del espejo o por mujeres miopes. O de noble corazón, como yo". Rescatado de la incertidumbre, reímos antes de enlazarnos en esta melodía de amor que acoge la dicha de sentir un nuevo día de vida; mucho más ahora que ya no soy un miserable plebeyo desafortunado hasta en el amor sino un misterioso conde con una fortuna más amorosa que la más apetecible e impetuosa de mis amantes.
¡Ooooroooo! ¡Medalla de Oooor…! No. De bronce nomás. ¿¡Qué cosa!? ¿Bronce? Pero si ellas son las mejores, y la mayoría ya está bronceadita. ¿Más bronce? Yo quiero oro… ¡Ooooorooooo! Entonces desperté de la pesadilla que me apretaba el pescuezo con doce medallas de bronce, como si fueran los tentáculos de Medusa aunados a la euforia de Natalia y sus pupilas, y observé la realidad: Medalla Olímpica de Bronce.
¡Felicitaciones, muchachas! Bronce es magnífico... Pero no extraordinario. Algo así como Orolímpico merecido que se transformó en un metal menos resplandeciente y emocionante, uno con tono consuelo luego de esfumar, después de muchos años, una nueva chance de ser consideradas las mejores del mundo ¿Por qué si las muchachas y Natalia merecen más?
Encierra una peligrosa tendencia destructiva de ciertos valores humanos que debieran enaltecer a una sociedad, cuando la mayoría de individuos, supuestamente civilizados, apoyan la nefasta opinión de que el maltrato verbal indiscriminado puede motivar a una persona de cualquier edad, clase social, grado de educación, nivel económico…, a dar lo mejor de sí, contribuyendo a su desarrollo personal, incrementando su capacidad profesional o de oficio, a fin de dimensionar su aporte creativo y productivo en cualquier responsabilidad con la comunidad.
Un pensamiento erróneo amparado por las masas puede acarrear serias consecuencias socioculturales si no se frena a tiempo. Y aquel es uno. ¿O acaso no es un mensaje nocivo enaltecer todo concepto o acción que tiende a derruir el virtuosismo humano y acreditar, a su vez, algún valor relevante a acciones paupérrimas y/o a las miasmas de la personalidad de algunos personajes públicos? Claro que sí. Ejemplos hay muchos en la Historia, cuyos mensajes tuvieron alcances destructivos en generaciones venideras. Hoy, siglo XI, no tenemos derecho de permitirnos el irresponsable lujo de fomentar Necedad e Insensibilidad.
Luego de sobrevivir festejos de fin de año y no sufrir mayores percances que una arritmia cardiaca por dar la bienvenida a una nueva década llena de anhelos para la humanidad, sigo recorriendo distintas ciudades acogedoras y civilizadas de Europa, admirando incluso aquellas comarcas rurales aún distantes de adelantos tecnológicos pero con una población capaz de entender, aunque sea de manera intuitiva, el valor de existir con coherencia, desarrollarse con sentido común, convivir en paz y armonía.
Por supuesto que no todos son felices territorios y algunos, incluso, parecen no haber evolucionado socialmente y otros continúan abocados al irracional deterioro aunque parezcan reunir condiciones culturales para salir adelante. Pero no son frenados solo por no estar comprometidos en superar vicisitudes o por una economía caprichosa no favorable por estar adherida a flujos y contingencias colaterales en el ámbito mundial o por intereses de territorios colindantes y de mayor poder bélico, sino por el letargo de sus gobernantes en la toma de decisiones y/o que sean fallidas en criterio o ejecución.
En uno de mis regresos por Lima, usando una vieja vestimenta de clase media dilapidada, fui a visitar a un antiguo amigo, el gran DJ Becheto, con ánimo de disfrutar música y recuerdos de juventud. Teníamos un plan y no desistimos hasta culminarlo con respetuosa prolijidad, aunque nos tomó cinco horas terminar la jornada musical embriagada de alegre y triste nostalgia, al compás de acordes y melodías que suelen recobrar rostros, lugares, situaciones, anhelos, triunfos, fracasos…
Entonces decidí que era hora de partir y poner a buen recaudo las joyas acumuladas. Ambos nos consideramos poseedores de un pulido criterio musical y sabíamos que la sensibilidad puesta en el trabajo y el esfuerzo compartido que demandó recopilar 150 canciones para grabar un CD con las mejores melodías roqueras de los sesenta y setenta, era un tesoro invaluable; más si él, por descuido, cansancio o tendencia natural al sistema capitalista y su necia obsesión de incrementar valía comercial en un producto aunque sea de intrínseco beneficio espiritual, no había guardado la información del trabajo en el disco duro de su vieja PC ni en el de su recién adquirida laptop, y tampoco había quemado una copia de protección.