Mi asistente se sorprendió cuando, viendo un juego de voleibol de la liga europea, hice un entusiasta comentario sobre el gran nivel de mujeres voleibolistas que tiene Perú, porque desconocía que ‘siquiera se practicara en nuestro país’ donde, ella tenía entendido, sólo jugaban al fútbol. No distaba de ser cierto si el 99% de los programas radiales, televisivos, prensa escrita, sobre información deportiva está destinada al balompié. Pero uno siempre debe estar preparado a revertir las tendencias pocos saludables y encontrar alternativas, así que le di indicaciones para concentrar su capacidad en el buscador de Google y colocar Youtube, Olimpiadas Seul 88, zurda Cecilia, diestro Mambo, ambidiestrísimas doce maravillas del mundo, ¡gloria, gloria, gloria en el podio!
Ella esperó a que me calme, baje los brazos y me cierre la bata antes de resfriarme o enfriar más al artillero, bastante intimidado por los escasos grados centígrados de esta ciudad, y, sin ánimo de burla, preguntó: “¿Ganaron la medalla de oro?”. Pregunta tan impertinente. Oooorooooo, quise gritar, porque vi oro, sentí oro, arañé oro, olí negras y trigueñas de oro. Pero demasiada información en Google o integridad de mi parte para torcer la verdad, y tuve que confesárselo: “Plata. Medalla de plata”. Ella, que es una asistente muy eficaz, no preguntó más ni intentó aliviar la atmósfera anímica soltando algún comentario inteligente, respetó mi silencio y me dejó abrumado con mis recuerdos, abrió su laptop y navegó por la red hasta concretar mi requerimiento.
...
Extracto